Para los chinos es el comienzo y el fin de toda creación. La energía del tao opera hasta en la partícula más pequeña y al mismo tiempo, engloba todo el universo.
El adepto al tao, es parte de la naturaleza de la tierra, es uno con ella, antes de ser uno con el universo.
¡Que mejor meditación que hacer silencio, armonía y simplicidad, sentir al ser interior, despertar la propia conciencia y entrar en el Espíritu del universo!
Tao esta allí para todo el que lo busca. Las meditaciones son silenciosas, profundas, elevadas en el tao.
Para meditar, basta ponerse en una postura cómoda con la espalda lo más derecha posible, respirar profundamente, y dejar que la mente vaya logrando un profundo vacío interno. Sentir con el corazón, y tratar de ver la luz que hay en cada ser humano. Es el primer paso para la liberación de lo externo y de las ilusiones mundanas.